
¿Cuántos entre nosotros se encuentran presos a memorias llenas
de experiencias menos felices?
Apagar definitivamente determinados momentos de la memoria puede no ser posible,
pero la manera como lidiamos con eses recuerdos depende solamente de nuestra escoja:
¿elegimos vivir en función de esas memorias o elegimos proseguir?
Muchas veces alguna situación pasada a menudo nos viene a la memoria
por haber sido dejado en abierto. Analicemos, entonces,
lo que nos falta para concluir la cuestión:
¿perdonar a alguien? ¿Perdonar a nosotros mismos? ¿Reparar un error?
Hagamos, entonces, lo que sea necesario para resolver la situación
y evitar que el pasado nos impida de seguir adelante, pidiendo fuerzas a Dios,
a través de la oración, para que tomemos decisiones correctas en el proceso.
Observemos el alerta del Apóstol Paulo, que nos instruye a seguir en frente,
prosiguiendo para el objetivo, libertándonos del pasado
y avanzando para el futuro en que, a través de nuestros esfuerzos en el Bien,
encontraremos “el premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”
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